¡Qué triste!…

¡Qué triste!
Antes, nuestras miradas no paraban de encontrarse,
nuestros labios no dejaban de ansiarse,
nuestras caricias no podían contenerse
y siempre llegaban al destino de nuestra piel,
¿en qué momento dejamos de rimar?
¿Cómo fue posible que nos extraviáramos
y nos hayamos dejado de amar?…

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