Arrancarte gemidos…

Quiero arrancarte,
esta noche,
todos los gemidos
que puedan salir
de tu boca…

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Destiempo…

Nunca llegué a tiempo a ningún amor, siempre corrí de la mano con el destiempo del destino, con la tragedia de chocar contra algún adiós repentino, de ser abofeteado por la indiferencia de unos pasos marchándose, yendo en otra dirección, de ser echado a la historia, incluso antes de iniciar una aventura que involucrara al corazón; de ser olvidado antes de ser conocido, de ver el ocaso sin haber presenciado una salida del sol, de verme sorprendido por el invierno sin haber experimentado el verano y su calor; siempre llegue tarde al amor, jamás corrí más aprisa que las manecillas del reloj del desamor…

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¿Cómo te olvido?…

¿Cómo te olvido? ¿Cómo consigo arrancarte de mis sueños, de mis desvelos, de mis pensamientos en todo momento cuando estoy despierto? ¿Cómo me borro todos esos sueños que en el intento de estar juntos se perdieron? ¿Cómo, dime cómo? Te mentiría si te digo que no te extraño. Te mentiría si te digo que no miro tus fotos. Te mentiría si te aseguro que no abro tu conversación con ganas de escribirte, con la esperanza de ver un <escribiendo…>. Te mentiría si te dijera que ya no te amo. Ni siquiera soy capaz de convencerme, de engañarme, no puedo, porque desde hace mucho tiempo siempre has sido tú y nadie más. Porque desde aquel primer beso, no te he dejado de pensar. ¿Cómo, dime cómo le hago para mandarte en mi memoria al carajo? ¿Cómo puedo dejar de sentirme roto, sin ti? ¿Cómo hago para dejar de sufrirte así?…

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¿Cómo no dolerme?…

¿Cómo no mirarte y evitar quedarme atrapado en la tristeza de verte tan lejana, tan indiferente, tan ausente? ¿Cómo no quedarme prendido de la depresión, de llevarte tan dentro de mí, de lloverme, de dolerme, de hacerme tanto daño el desamor y esa falta de caricias al alma que me lastiman el corazón?…

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Te conocí una tarde…

Te conocí una tarde, el cielo se teñía de rojos, purpuras, amarillos, azules, una mezcla celestial, digna de un instante en tu divinidad, daban ganas de eternizar el momento, de que no dejara de iluminarte el ocaso y todas sus tonalidades, con ansias de perpetuar el atardecer en tus ojos, de seguir hasta muy que nos sorprendiera la noche con la charla, de caminar haciendo locuras por las calles aledañas, de conocernos, de querernos, de hablarnos de nuestros sentimientos, de nuestros miedos, de nuestros sueños, y de contarte que en poco tiempo, te habías convertido en mi anhelo…

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Después de ti…

Así pasan las cosas, después de ti, vivo solo en una habitación gris, jamás salgo de ella, aquí tengo todo lo que necesito, todo lo que me recuerda a ti, que te añoro cada que veo caer el sol por la ventana, cada que se esconde la luna para dar paso al alba, cada que me palpita el corazón, superfluo en su latir, porque me duele desde que te vi partir…

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¡Te extraño!…

¡Te extraño! Esa sensación tengo cada que no estoy a cinco centímetros de tu beso; ¡te extraño! Eso siento cada que no me pierdo en tu mirada para recorrer tu alma; ¡te extraño! Ese vacío me dejas cada que tu respiración no me eriza la piel; ¡te extraño! ¿Cómo no echarte de menos? ¿Cómo no necesitarte cada que te encuentras tan lejos de mí?…

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